domingo, 9 de octubre de 2011

Gratitud porque Nuestro Amor Abunda


2 tesalonicenses 1:3
Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás...
En estos versículos vemos que los tesalonicenses no solo crecían en la fe, sino que Pablo también tiene como motivo de gratitud que hacían lo que les pedía en su primer carta, abundar en amor. Que nosotros también podamos dar gracias los unos por los otros porque  abundamos en amor. Amén

Acerca del Amor Fraternal

1 Tesalonicenses 4:9-10
Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más...
Qué bueno hermanos si hemos aprendido de la Palabra el amarnos fraternalmente los unos a los otros, de manera que no haga falta que se nos indique que debemos hacerlo; lo que sí, procuremos abundar más y más como nos recomiendan estos versículos. Amén

Abundando en Amor

1 Tesalonicenses 3:12
Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros...
La petición y deseo de Pablo además de crecer, es que abundemos en amor los unos para con los otros, y más también, para con todos; así como ellos lo hacían con los hermanos de Tesalónica. La palabra que resalto aquí es abundar, y es lo que nos deberíamos preguntar ¿Abunda nuestro amor para con los demás y para con todos? Dios nos ayude a abundar en amor. Amén

Como una Niñera

1 Tesalonicenses 2:7:8
Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos.
Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.
Qué ejemplo nos deja la Palabra en este escrito de Pablo, el actuar con amor y ternura, tal como el de una niñera que cuida a sus propios hijos ¿Podremos nosotros demostrar tal afecto a quienes enseñamos el evangelio, hasta el punto de desear entregar nuestras propias vidas en favor de quienes nacieron espiritualmente, para el beneficio y desarrollo de ellos en su nueva vida? Dios nos de corazones más sensibles y más afectuosos. Amén